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En 1939 el Dr. José Joaquín Monroy, dueño de La Farmacia de Monzón, junto con el Sr. Elías Divo H. proyectan la constitución de un laboratorio para explotar industrialmente las fórmulas más recetadas por los médicos de la época.  Luego de varias reuniones, y gracias a la colaboración en este proyecto del Dr. Jacobo Bendahán Ch., se constituye la Compañía Anónima Vita con un capital inicial de cien mil bolívares, siendo su propósito “la elaboración, preparación, representación y venta de productos farmacéuticos, químicos, bacteriológicos y sus similares”.

El día 5 de diciembre de 1939 en la casa situada de Cárcel a Monzón número 120 empezó a funcionar la compañía.  Gracias a las buenas relaciones de Elías Divo H. con el gremio médico, los productos tuvieron aceptación, y su producción se fue acrecentando, a pesar de que la década de los 40 estuvo signada por dificultades en la obtención de insumos debido a la tensión generada por la Segunda Guerra Mundial.  Sin embargo, la empresa pudo superar estos inconvenientes y consolidarse en el mercado nacional.

El aumento de la demanda de los productos generó mayores requerimientos de espacios para la empresa, por lo que hubo varias mudanzas hasta 1950, cuando Vita se instala en su sede ubicada en Maripérez.  Así la compañía entra en un período de crecimiento que abarca desde la década de los 50 hasta principios de los 80, durante el cual Venezuela goza de una economía estable y próspera.  Laboratorios Vita se especializa en la manufactura y comercialización de sus productos farmacéuticos en rubros como dermatológicos, gastrointestinales, analgésicos y vitaminas. Adicionalmente se producen productos cosméticos y se representan algunos productos del extranjero, llegándose a comercializar en total más de 100 marcas.  Es a principios de este período cuando entran al mercado algunas de las marcas que se comercializan actualmente como Calaminol®, Borocanfor® y Selenil®.

El entorno económico del país en los años ochenta se caracterizó por condiciones económicas adversas y Vita no fue ajena a esta situación, teniendo que recortar sus actividades, y comenzar a plantearse una nueva dirección.  Se concentró en los productos de mayor demanda, lo que implicó el comienzo de la especialización en su línea dermatológica.  Igualmente, se continuó con un enfoque farmacéutico, pues las actividades comerciales estaban dirigidas a ese mercado.

A principios de los 90 entra la generación de relevo a Vita.  Se potencian cambios en el manejo del portafolio de productos: se pasa de un manejo netamente farmacéutico a uno de productos sin prescripción facultativa (OTC).  Esto significó un acercamiento a los consumidores, cambios en los empaques y en las estrategias de comunicación, y la apertura hacia otros canales de distribución con un portafolio sólido.

A partir del año 2000 se toma una nueva dirección.  La empresa concentra sus esfuerzos en la construcción y manejo de sus marcas y redefine su alcance para abarcar el mercado de higiene y cuidado personal.  En este nuevo rumbo la organización refuerza su enfoque para potenciar el desarrollo de su portafolio de productos y su efectiva presencia en los principales canales de distribución, buscando siempre la satisfacción de los deseos del consumidor.

Aunque muchos piensan que todo tiempo pasado fue mejor, los pioneros de Vita enfrentaron momentos difíciles para llevar adelante a la empresa.  Es así como en la organización vivimos en constante evolución y hemos aprendido de este legado, para ser capaces de adaptarnos y vencer obstáculos.  El futuro nos depara nuevos retos, buscamos superarlos y aprovechar las nuevas oportunidades que el mercado nos ofrece.
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